viernes, 9 de noviembre de 2012

Casi con cualquier cosa podemos hacer casi cualquier cosa


Preparando unos materiales para un curso veo repetido un planteamiento que creo equivocado y que responde a desconocer la ley general de la universalidad de las herramientas. Y si nunca ha oído hablar de esa ley, no se preocupe que yo tampoco pero de alguna forma había que llamarla. El enunciado "burdo" está en el título de la entrada. Pero, ¿de verdad con casi cualquier herramienta se puede hacer casi cualquier objeto? (el "casi" es una concepción a mi execrable puritanismo académico)

Estoy pensando en recursos de Internet, aunque creo que se puede generalizar. Evidentemente esto no se aplica a espacios separados por abismos de complejidad (hacer un reloj de precisión con ayuda de un hacha de piedra).

La ley podría ser una chorrada si no pensáramos en las consecuencias que implica. Y en los errores que puede evitar. Una de las consecuencias es que la estrategia de uso debe prima (influye más en el resultado) que la herramienta misma. Y veamos las consecuencias de olvidar este hecho en la Educación cuando utilizamos recursos de la Red.

El profesor o profesora, educadores, en un congreso, o quizás un grupo de investigación... decide crear aprovechar las potencialidades de las redes sociales para generar un entorno de aprendizaje o de comunicación. ¿Qué cree que hace? ¿Pensar en la estrategia? ¡NO!

Su gran preocupación es si utilizar Twitter o utilizar Facebook o utilizar Linkedin. O quizás crear un blog. Luego, todos esos espacios languidecen sin participación, mientras el buen educador (o educadora) se desgañita pidiendo que participen. Llega a plantear que "enviar un mensaje al foro" o "al Twitter" es obligatorio. En los congresos sólo aparecen los mensajes del becario de turno.

Preparó un carro para un viaje, para el que no tenía viajeros. Y ahora busca a los viajeros.

Es cierto que algunas herramientas son más adecuadas que otras para ciertas tareas. Pero ahí tienen tantos profesores que han utilizado blogs sustituyendo a campus virtuales, o que se refugian en Symbaloo frente a su espacio Moodle. Así que, como buen profesor, utilizaré el consejo, ese método que, como decía Skinner, es "el más utilizado para cambiar conductas... y el más ineficaz":

No se preocupe de si utilizará Twitter o Facebook. La auténtica pregunta es: ¿cómo conseguirá que sus alumnos realmente quieran participar en una red (o quizás, una comunidad)? (y aplique lo mismo si va a abrir un hashtag de Twitter en un congreso).

Y una pregunta para terminar: ¿ha creado alguna vez una red social con ayuda de un palillo?

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