jueves, 18 de abril de 2013

Y es que es como el jamón


Hace un mes Jordi Adell recogía algunas ideas clave de los MOOC. Y recordé una vieja broma que siempre cuento en mis cursos. Pero antes de seguir, estoy pensando en los xMOOC (xOOC en el caso de los cursos que pretenden ser masivos pero se quedan en pobres latas de contenidos de dudosa calidad). Pero vayamos al jamón.

La historia viene de largo.

En los años sesenta llegó la televisión y algún condado norteamericano pensó que si conectaba todos sus centros por televisión, ponía una profesora (no sé por qué, pero era profesora y no profesor) de Francés y daba clase simultáneamente a muchos centros, se ahorraban un pastón (es decir, les salía más barato que contratar a muchos profesores o profesoras). Por supuesto, aquellos bustos parlantes fueron un fracaso (así les va el nivel de idiomas a los gringos, equiparable al que hay en España).

No se desanimaron. Continuaron con las máquinas automáticas de Skinner. Luego, en los ochenta, se hablaba de los ICAI (Intelligent Computer Assisted Instruction), mientras en los noventa se sugirió utilizar agentes inteligentes (léase, software informático rayano en la estupidez mental) que harían de tutores… No olvidemos los cursos generados automáticamente a partir de bases de datos y contenidos encapsulados como xml. Lo último son los MOOC (los xMOOC).

Detrás de todo esto un mismo leitmotiv: la pasta (el vil metal, el sucio dinero). Si quiero formar a MUCHOS y mantengo un paradigma vertical (la enseñanza va de arriba abajo, donde “abajo” quiere decir los estudiantes) lógicamente necesito dinero para poner algo “arriba”. Si ese algo son seres humanos (profesorado) me saldrá bastante caro, incluso si recurro a subcontratación, sub-subcontratación o directamente esclavismo aplicado a la profesión docente. En una economía de escala, tener 100.000 alumnos significará poco menos que multiplicar por 1000 los gastos de 100 alumnos.

Salvo que elimine a los profesores y profesoras. Poniendo un televisor, una máquina, un programa de autoaprendizaje inteligente o un MOOC, entonces formar a 100.000 alumnos cuesta apenas un poco más que formar a 100.

Así vamos pasando una y otra vez por esa cresta de la ola pero para caer en el vacío (sin recuperación posterior: ¿alguien habla hoy de ICAI? ). Buscando como ofrecer una formación a MUCHOS, gastando POCO (siempre en un paradigma vertical de la educación y del conocimiento).

Y ahora viene el jamón. Por fin. Es que la Educación es como el jamón. Cuando yo era pequeñito en mi casa no se comía jamón. Recuerdo mi primer bocadillo a los 13 años. Pero no había dinero para tomar jamón cada día. Hoy, todo el mundo puede comer jamón cada día… pero jamón-jamón, los ricos. Lo que podemos comer a bajo precio y a diario ha sido criado en granjas, alimentado con piensos obtenidos de desechos orgánicos de dudosa procedencia, salado y curado artificialmente en naves industriales, y conservado posteriormente gracias a los poderosos productos que la Industria Química descubre cada día. También lo llaman jamón. Pero no es jamón-jamón.

El buen jamón sigue siendo caro. Como la buena Educación.

Puede que haya que poner recursos en dinero. O puede que sea cara en términos de dedicación del profesorado, de esfuerzo de los propios protagonistas, de colaboración social… Al final, una Educación barata es como un jamón barato: no es ni Educación ni jamón.

Las instituciones y los países pueden aportar su esfuerzo y su riqueza para ofrecer un buen jamón-jamón a sus jóvenes. O también puede comprar desechos orgánicos, productos químicos, máquinas y naves industriales, y organizar sus centros con saldos y restos de feria.

Esto no es una crítica a los MOOC. Tienen su papel en un aprendizaje horizontal, donde la formalidad y la informalidad se mezclan, en una sociedad del aprendizaje en la que cada uno construye su propio espacio y sus propias redes.  Cuando se utilizan en el marco de la autoría social, democracia informativa, construcción social del conocimiento, inteligencia colectiva… Pero de eso hablaremos otro día.



En Basilé no hemos hablado de MOOCs, sino de Educación. Pero si quiere tener ideas claras actualizadas sobre los MOOC (y no le tiene pánico al Inglés) lea:
Adell, Jordi (2013). Los MOOCs, en la cresta de la ola. En Edu&tec, 19/3/2013. http://elbonia.cent.uji.es/jordi/2013/03/19/los-moocs-en-la-cresta-de-la-ola/

Si no ha oído hablar de las máquinas de enseñar de Skinner, consulte la Wikipedia, aunque lamentablemente le sugeriré que mejor mire la versión en Inglés.

Para ICAI no mire la Wikipedia (ni la inglesa), en particular dado que incluso mezcla CAL y CAI con eLearning en un apartado histórico ridículo. Pero si busca el término en Google Scholar encontrará varias lecturas.

Sobre los bustos parlantes de la televisión educativa, estoy tratando de recuperar esa vieja referencia. Pero puede encontrar ideas similares en Caputo (1976) con su sueño de enseñar mineralogía a  300 alumnos (p. 40) y que le ¡vean!:
Caputo, M.G. (1976).   Le tecniche Audiovisive nell'insegnamento.  Turin, Sei.

Si quiere ver un ejemplo de creación (adaptación o personalización) de cursos al estudiante mediante sistemas inteligentes o automáticos, entre otras muchas lecturas, puede ver el modelo de Méndez y Ot (2008).
Méndez, N., Ovalle, D., Vicari, R. y Azambuja, R. (2008). Modelo inteligente generico para adaptatividad de cursos virtuales. En RENOTE : Revista novas tecnologias na educação, 6 (1).
http://www.lume.ufrgs.br/handle/10183/22894

Imagen: Charles Van den Broek: Jamon iberico de bellota (Figueras, Spain).
http://www.flickr.com/photos/charlot17/3455508828/
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1 comentario:

  1. Gracias por la visión crítica, Antonio. Nos reafirmas la creencia de que hay revoluciones que se venden muy bien y no son tales. ¡Comida para pensar en estos días de reinvenciones!

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