sábado, 16 de agosto de 2014

Aprender no es una actividad seria

Aprender no es una actividad seria. Enseñar tampoco. Lo siento.

Aprender es una actividad emocionante. Aprender es interesante, divertido o, cuanto menos, no es aburrido. No me refiero a “aprender lo que dice el profesor” sino realmente a aprender cuando aprendemos. Porque aprender es una actividad sorprendente, apasionante y que provoca en nosotros satisfacción después del esfuerzo. Y enseñar también.

Este comentario viene a cuento de una pregunta planteada en ResearchGate:
¿Debe un profesor centrarse en un aprendizaje riguroso o en uno entretenido? (1*)

Y la pregunta incluía afirmaciones como “se dedica mucho tiempo a agradar a los estudiantes, conocerles personalmente, construir buenas relaciones, y contar chistes creando humor. El foco se centra más en un buen feedback que en el rigor”.

Las respuestas en general han sido muy acertadas y vale la pena leerlas. Pero sobre todo vale la pena dejar de pensar que necesitamos enseñar de forma “seria” y “rigurosa” o que aprender debe ser una actividad “seria” o “rigurosa”. Aprender, lo que se dice aprender de verdad sólo puede ser una actividad maravillosa. Lo otro es retener conocimientos provisionalmente, a corto plazo, para poder alcanzar una nota.

Y en este contexto vale la pena releer (o reescuchar) a Carol Dweck sobre tener una mentalidad fija o capaz de crecer: "La Felicidad y sus causas" (2*, lamentablemente solo en ingles).

Aprender no es una actividad seria, es una actividad feliz. Y enseñar también.


Imagen por cortesía de Pequebebés

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