jueves, 5 de marzo de 2015

Aprendiendo de Rufus. Tecnologías inteligentes en el aula

La clave es el chorro de agua.

Saben como son estas cosas. Cuando todos quienes nos rodeaban habían adquirido un robot aspirador (Roomba por más datos, lo que suena a “rumba”) la presión se volvió insoportable. Y pedimos a un vecino que nos lo dejara unos días, eso sí, manifestando nuestro más absoluto escepticismo.

Bueno, pues no. Pues resulta que sí que limpió y nos privó de los pelos de Kala, la perra callejera que nos acompaña. Y, observando, observando, me di cuenta de que era un cacharro altamente eficiente que trabajaba de la forma menos eficiente que podía imaginarse. En vez de buscar las zonas sucias que debía aspirar, su único objetivo era bordear los obstáculos. Así insistía una y otra vez en zonas ya limpias. Pero si te olvidabas de él, si no pretendías que limpiara como lo haría una persona inteligente, Rufus, pues así lo habíamos bautizado, persistía y persistía y, finalmente, dejaba la casa como una patena (1*).

Y como uno siempre está pensando en estas cosas de la tecnología y la educación, caí en la cuenta de que muchas tecnologías presuntamente inteligentes que se introducen en la enseñanza lo hacen tratando de repetir el modo de actuar humano. Por ejemplo, los tutores y los tutoriales inteligentes tratan de imitar a los tutores humanos y, como era de esperar, lo hacen muy mal. El aprendizaje adaptativo trata de adaptar el currículum a cada individuo como lo podría hacer una persona, basándose en los aciertos y errores del alumno, y, de nuevo, los resultados no parecen excesivamente inteligentes ni adecuados para personas inteligentes.

La clave es que las tecnologías inteligentes en la escuela deben seguir las ideas de Alan Turing (ahora tan de moda): el que una máquina sea inteligente no quiere decir que tenga el mismo tipo de inteligencia que los humanos.

En realidad esta es una historia vieja como la tecnología. No sé si el primero que intentó hacer un lavavajillas se esforzó en construir brazos articulados que manejaran estropajos o cepillos para frotar los platos sucios, imitando el modo de hacer de las personas. Afortunadamente alguien descubrió que era mejor abandonar esa idea y lanzar chorros de agua a presión.

Una entrada en un blog no da para extenderse más en este tema. Lástima. Pero me ha parecido una buena ocasión para que quienes trabajamos en las tecnologías educativas comencemos a innovar de verdad y no a intentar que las máquinas funcionen del mismo modo que nosotros.

Ya ven, la clave en los lavavajillas era el chorrito de agua. Gracias Rufus, por enseñarnos estas cosas.




(1*) Observo que esta entrada ha quedado impregnada de la herencia religiosa: “bautizar” se utiliza como sinónimo de “poner un nombre”, mientras que “limpio como una patena” hace referencia al platillo o “patena” que utilizan los sacerdotes católicos y que limpian minuciosamente durante la ceremonia de la misa.

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