martes, 7 de abril de 2015

¿Dónde están mis futuros alumnos esperándome?

Algunos de mis estudiantes, futuros maestros, se preguntan:
- ¿Dónde están mis futuros alumnos esperándome?

(1*)



Hace 17 años pusimos en marcha los estudios de Comunicación Audiovisual en el marco de lo que ahora es la Facultad de Educación en la Universitat de Barcelona. Una de las características que le dimos, hoy ya lamentablemente perdida, fue que los estudiantes asumían la iniciativa y participaban de la gestión de los estudios. Y un grupo de estudiantes de Educación vinieron a una charla sobre las posibilidades de ampliar sus estudios en temas de Comunicación.

En un momento dado, cuando les explicaba cómo en el campo audiovisual el profesional debía tener iniciativa para moverse y trabajar, uno de los estudiantes, indignado, dijo que eso no le interesaba: él esperaba terminar sus estudios en la universidad y que le ofrecieran un trabajo según su capacidad. Venía a recibir esa formación como más tarde debería recibir una oferta de trabajo.

He recordado esta anécdota al hilo de una noticia (“Si no existe un trabajo para mí, lo creo”) (2*). No sé si Pasi Sahlberg tiene razón y, en todo caso, decir que “en el 2020 habrá 1.300 millones de jóvenes en edad de trabajar pero el mercado sólo absorberá 300 millones” a mí me hace reflexionar más sobre una sociedad erróneamente basada en el mercado que sobre la educación de los jóvenes.

Pero hay una parte en la que coincido con Sahlberg: esta sociedad “líquida” (como le encanta considerarla a Manuel Área) ya no sigue más el modelo de puestos de trabajo predefinidos para los que una formación inicial prepara competentemente. Los puestos de trabajo cambian continuamente, la formación es necesaria a lo largo de la vida y todos debemos movernos con iniciativa en este mundo cambiante. Esto implica tomar decisiones, escoger temas, adaptar el currículum a las propias necesidades, buscar preguntas más que responderlas…  Y mi universidad, y la mayoría de las que conozco, ni lo favorece ni lo permite.

Así que la respuesta a mis estudiantes es:
- “En ningún sitio, hijo mío, en ningún sitio. Nadie te espera”



(1*) Anónimo (c.1955). Biblioteca del Instituto de Bachillerato, Santa Isabel (hoy Malabo), Guinea Ecuatorial.
(2*) Torres, A. (2015). Si no existe un trabajo para mí, lo creo. El País – Economía (30 Marzo 2015). http://economia.elpais.com/economia/2015/03/27/actualidad/1427484082_021511.html

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