domingo, 7 de junio de 2015

Aprendiz de brujo

Aprendiz de brujo


Me crió un brujo.

Bueno, quizás no era brujo. Quizás era curandero o no sé la figura exacta que tenía en su tribu, perdida en la inmensidad de una Nigeria todavía colonia británica.

Llegó en cayuco a Santa Isabel, hoy Malabo, donde mis padres eran maestros. Le contrataron como cocinero. Y luego nací yo.

Silvano era cocinero, pero podría haber sido rey. Y en todo caso seguía siendo brujo. Con autoridad como para expulsar de la cocina a mi madre (enarbolando su pasaporte y aduciendo su condición de “ciudadano del imperio británico”), me adoptó desde pequeño. Así que, cuando mi madre me regañaba y y yo comenzaba a llorar, él aparecía, alto, majestuoso, me tomaba en brazos, y me llevaba a la cocina cuya puerta cerraba por dentro ante la mirada estupefacta de mi progenitora. Allí, en sus brazos, mientras rumiaba una patata frita, aprendí lo que es ser brujo.

Un año, al terminar sus vacaciones, no volvió. Quizás su frágil cayuco volcó en las aguas del golfo de Guinea. Quizás retomó su vocación de brujo. Aparentemente al irse me dejó algo de su magia.

En 1983 propuse en la revista educativa en que trabajaba un artículo sobre el vídeo utilizado a nivel individual en un ordenador. Lo rechazaron aduciendo que eso no iba a interesar nunca en la escuela. Cinco años después Apple lanzaba el primer ordenador multimedia (Macintosh II). Poco después la práctica totalidad de la informática educativa se hacía "multimedia", diciendo “adiós” a las líneas de código y a las tortugas del Logo.

En noviembre de 1991 tuve que soportar que un “experto educador” dijera despreciativamente en un debate promovido por Serveis de Cultura Popular que sus alumnos “no necesitaban muletas para usar el ordenador”. Los míos utilizaban ratón. No se imaginen que los suyos recurrían a algún tipo de pantalla táctil. Eran los tiempos en que el Banco de Bilbao nos encargaba un programa multimedia de formación para ordenadores IBM, que debían funcionar “sin el ratón”. En IBM España tuvieron que abrir a mano cientos de cajas de equipos PS2, sacar el ratón, y volverlas a embalar para enviar al Banco de Bilbao.

Al volver de una estancia en Canadá me entrevisté con el director académico de Formación continuada de mi universidad: le dije que había que comenzar a preparar cursos para ser distribuidos por la Web. Me sonrió amablemente y me acompañó a la puerta.

Cuando señalé en 1995 que en las escuelas los libros iban a ser sustituidos por ordenadores fui ampliamente tachado de “obseso tecnológico”.

El año 1999 me tuve que levantar de la mesa de negociación con responsables de UB Virtual para que terminaran aceptando que el máster a distancia que me encargaban no consistiese en una serie de ficheros pdf sino en un entorno en la Web con vídeo.

Todavía recuerdo a la “experta pedagoga” de la Comisión europea criticando el videojuego basado en una aventura de piratas para aprender matemáticas que habíamos preparado en un proyecto. Básicamente ella consideraba que no era educativo puesto que el alumno podía perder: ¿tiene emoción ganar si nunca se pierde?.

En 2013 avisé de que los MOOC no eran “la” solución. En 2014 que el aprendizaje adaptativo no era “la” solución. Y todavía muchos creen que la gamificación (con sus “badges”) es una buena idea en Educación Superior. ¿Tendrán razón? Silvano me dice al oído que no me calle. Así que he preparado algunas entradas interesantes para los próximos días. Algunas son claves para entender la Escuela en el siglo XXI.


  • ¿Enseñar o aprender? ¡Por favor!, limítese a educar.
  • Sabe cómo son nuestros mejores estudiantes universitarios.
  • Un nuevo tipo de docente: los profesores-estorbo.
  • Pedagogía meteorológica: escrito el 2014 y publicado el 2015. Leer el 2016.
  • El conocimiento obsoleto.
  • El maestro: ni orador ni diseñador.
  • ¡Ojo! Fumar mata pero la evaluación depreda.
  • El vino adaptativo: la educación automática.
  • Bueno, ¿por fin han mejorado los mooc?
  • El sueño de un nano-tecnólogo educativo.


Me crió un brujo. Mi hermana cuenta que, en cierta ocasión, Silvano, el brujo-cocinero, le decía:

- “La buena magia está aquí”. 

Y, mientras lo decía, se golpeaba con el dedo índice la sien. Desde entonces quise ser aprendiz de brujo.



Imagen de Cayuco. Utonde, Guinea Ecuatorial.  Por Jorge Alvaro Manzano.
https://www.flickr.com/photos/jorgealvaro/13875867744/in/photolist-n9as43-5KfEwM
Distribuida bajo CC

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