jueves, 16 de junio de 2016

La paradoja de Simpson

¿Qué tiene que ver la discriminación por género con el uso de tecnologías en la enseñanza?

La respuesta es sencilla: un caso de hace más de 40 años de la primera nos enseña algo sobre cómo ser prudente al pensar en los beneficios (o no) de las segundas.

1973, Berkeley, un caso de discriminación de género.

En verano de 1973 los programas de postgrado de esa universidad habían aceptado un mayor porcentaje de hombres que de mujeres: el 44% de las solicitudes masculinas fueron aprobadas, por sólo el 35% de las femeninas. Y se presentó una demanda.

Sin embargo, al analizar la situación en los departamentos uno por uno se encontró que en la mayoría de ellos el porcentaje de mujeres admitidas había sido mayor.
¿Cómo es posible?. La respuesta se encuentra en la Paradoja de Simpson (1*).

La paradoja de Simpson

Se trata de una curiosa paradoja que se produce cuando al comparar unos tratamientos, existe una variable adicional que no es considerada (en el caso de Berkeley, el departamento en el que se solicitaba la admisión).

Es una paradoja que desafía nuestra intuición. Por ejemplo, podemos descubrir que un tratamiento contra los cálculos en el riñón es más beneficioso que otro, pero si analizamos por separado los cálculos grandes y los pequeños descubrimos que en ambos casos no lo es.
¿Lo tenemos presente en Educación?

Un caso hipotético

Décadas de investigación educativa parecen demostrar que la ignorancia se ha adueñado de psicólogos y pedagogos. Es frecuente encontrar investigaciones que tratan de demostrar con números la mayor eficacia de un tratamiento, de un método docente, del uso de ciertas tecnologías… Y continuamente nos olvidamos cual es el problema principal: que en todos esos estudios hay variables desconocidas, demasiadas. Son variables que pueden estar actuando por debajo y que, si se consideraran, darían la vuelta a los resultados.

¿No se lo creen? Estudiemos en un ejemplo hipotético el porcentaje de estudiantes que superan con éxito una prueba comparando dos grupos, uno que utiliza TICs y otro que no.
El 66% de los que no utilizan TIC aprueban, frente a sólo el 51% de los que sí las utilizan.

Pero consideremos una variable, alguna características que tienen unos alumnos y otros no, el cromosoma “Z” o la que deseemos. Y resulta que en ambos casos aprueba un mayor porcentaje utilizando las TIC que no utilizándolas (ver la siguiente tabla).


Alumnos aprobados con TIC sin TIC
Z 20 de 22 (91%) 37 de 46 (80%)
noZZ 8 de 33 (24%) 3 de 15 (20%)
Total 28 de 55 (51%) 40 de 61 (66%)

Vaya, ahora resulta que el porcentaje de aprobados es mayor utilizando TIC tanto si el alumno es del grupo Z con noZ. ¿Cómo es posible? La paradoja de Simpson siempre sorprende la primera vez y pensamos que hay trampa. Pero la trampa no está en los números sino en la existencia de variables que el investigador no tiene en cuenta. Y el problema es que no lo podemos detectar precisamente porque se trata de una variable que no hemos considerado. ¿Se tienen en cuenta todas las variables posibles cuando se investiga en Educación?

Esto no invalida todos los resultados de las investigaciones educativas, pero nos debería hacer ser más cautos cuando proclamamos las maravillosas ventajas de las tecnologías o cuando pretendemos afirmar que son encarnaciones del diablo.



(1*)  La paradoja de Simpson está explicada en varios sitios, pero una presentación breve y con ejemplos se puede encontrar en la Wikipedia.


IMAGEN
Dantetg.
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https://pixabay.com/es/ordenadores-monitores-lo-equipo-332238/

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