martes, 16 de agosto de 2016

Grados abiertos: de cómo sobrevive la Educación en un universo de normas.

Hace unos días El País publicó esta noticia:
Qué estudiar cuando te gusta todo
Llegan a España los grados abiertos, que permiten cursar asignaturas de cualquier especialidad

La noticia nos habla de una propuesta de carrera universitaria en la que los estudiantes pueden elegir todas las asignaturas. La propuesta está limitada a 22 alumnos en la Universidad Pompeu Fabra, una experiencia en Lengua y Literatura en la Autónoma y otra experiencia similar en la Universidad Carlos III (1*).

Pero no es cierto, los grados abiertos no llegan ahora a España pues, y prescindiendo de las propuestas anteriores a 1939, el plan Maluquer (1969) ofrecía a los 4000 alumnos de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona la posibilidad de escoger libremente todas las asignaturas de su carrera universitaria. Se basaba en una clasificación entre materias más básicas o más especializadas (A, B y C) y una restricción a escoger 10 materias tipo A y 5 B (o A) durante los primeros tres años (2*).

El final de los sesenta fue una época convulsa en la universidad española, pero también tremendamente rica en propuestas, como el plan de formación del profesorado del año 1967, en el que los estudiantes de último curso dedicaban la mitad de la jornada a trabajar en centros públicos cobrando la mitad del sueldo base, y en el que los estudiantes con calificación media superior a notable obtenían  automáticamente un contrato para trabajar en la Escuela Pública.

Otro ejemplo: en la Educación General Básica, el contenido de materias como las Ciencias Sociales lo podía decidir el centro o el profesor. La Ley General de Educación se limitaba a sugerir dos propuestas (A y B) que los profesores podían aceptar o no.

Como puede verse, todo muy lejos de las rígidas y uniformadoras tendencias de la universidad “de Bolonia”, o de unos planes de estudio que se terminan cuando el alumno deja la institución, o de esas batallas entre autoridades estatales o autonómicas para ver quien puede imponer a maestros y alumnos el contenido de los programas docentes.

Administrativos, burócratas de toda pelambre, desde Bruselas a Barcelona pasando por Madrid, pretenden decidir qué deben enseñar los profesores y profesoras, y cómo deben hacerlo. No importa que la mayoría de estos tecnócratas de tres al cuarto nunca hayan pisado un aula, que los estudios en los que dicen basarse estén desacreditados o sean poco fiables, ni siquiera que demuestren una incapacidad absoluta para leer con un mínimo de rigor intelectual los resultados de investigaciones educativas.

Por suerte en este país, desde hace años, los maestros y maestras aprendieron a sortear los obstáculos que gobernantes, políticos y técnicos colocan a diario en su camino.



(1*)

(2*)
Puede encontrarse una descripción muy completa del plan Maluquer y de la universidad de la época en:
Gracia Alonso, Francisco (2013). Joan Maluquer de Motes, gestor universitario. El Plan Maluquer y la renovación de los estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona. Revista d'Aquelogia de Ponent, 23, 323-341.

IMAGEN
Joan Maluquer de Motes,
Cortesía de la Universitat de Lleida


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