miércoles, 29 de junio de 2016

Una herramienta práctica para su Entorno de Aprendizaje Personal

Y la noticia es que ofrecen la cuenta PRO en un convenio con el MECD.



Durante años he visto cómo Symbaloo era una de las herramientas más apreciadas por profesores y alumnos a la hora de preparar sus entornos personales (de aprendizaje y de vida). Frente a otras herramientas con más posibilidades o más complejas, al final siempre ganaba ésta. En el camino se quedaban agregadores famosos. Tampoco las páginas de inicio como Netvibes o Protopage competían con ella. Soluciones como blogs, cuadernos de bitácora y editores de página web cedían ante una herramienta de favoritos compartidos más sencilla que Del.icio.us. ¿Cuál era el secreto?

Pues es un secreto tan sencillo y conocido que frecuentemente es despreciado o ignorado (y a veces ambas cosas a la vez): es fácil de usar y bonito de ver.

Ya sé, suena como poco serio. Pero de verdad, el primer punto está detrás del éxito de los programas más conocidos (y el hardware más vendido). Podéis entrar a MS Word y lo primero que se ve es que es fácil de comenzar a utilizar. Es cierto que si uno quiere puede encontrar mil opciones más, pero comenzar, lo que es comenzar a escribir un texto, ponerle letra negrita e imprimirlo… Y si alguien lo duda es que no conoció el WordPerfect o los editores disponibles en aquellos tiempos en MS-DOS.

El mayor problema de los diseñadores de cursos a distancia es que trabajan desde la perspectiva del experto en contenidos o en programación y no piensan en que sea simple y fácil de usar.

El segundo aspecto, bonito de ver,  todavía causa más perplejidad a nuestros augustos expertos. Pues sí, estoy convencido que el rechazo que sufre Moodle en el modo como es implementado por cientos de instituciones educativas es que lo hacen simplemente feo. Desde luego, no ayudan esos menús estándar con opciones inútiles o que se van a utilizar poco, por no decir los crípticos formularios cuando queremos simplemente colgar un archivo o poner una etiqueta (si decides crear una wiki comprendes el éxito de Wikispaces).

Moodle no tiene por qué ser feo. Lamentablemente no suele ser fácil entrar en los “campus virtuales” (realmente prefiero los espacios abiertos a los LMS cerrados y protegidos) pero pueden hacerse alguna idea de un “Moodle guapo” (y útil) viendo la web de Cris Ladaga (1*).

Entretanto, si quiere que alguien encuentre divertido y útil preparar su entorno de aprendizaje personal, ofrézcale Symbaloo (2*) y no se deje engañar: el comienzo es sencillo pero si va más lejos descubrirá que tiene más posibilidades de las que aparenta. (Y sí, es gratuito).





(1*)
http://ladaga.com.ar/aulas-virtuales/

(2*)
http://www.symbaloo.com

(3*)
Imagen de Symbaloo anunciando el acuerdo con MECD.

martes, 28 de junio de 2016

Convertir en táctil la pantalla del portátil, por menos de 60 euros

Y, gratis, una lección adicional sobre tecnología.

Lo de la pantalla del portátil es muy fácil: basta comprar por 69 dólares americanos una pequeña barrita que se coloca en la parte inferior de la pantalla y se conecta al  puerto USB del ordenador portátil. Se puede encargar en la web de la empresa AirBar (1*) y en este momento está disponible es cuatro anchos:
11,6 pulgadas
13,3 pulgadas
14,0 pulgadas
15,6 pulgadas

Pero lo mejor es la lección gratuita: ¿es una buena idea?



Hace muchos años, 23 para ser exactos, iniciamos un proyecto con niños de 3 años, en el que les permitíamos jugar con ordenadores multimedia dotados de pantalla táctil (2*). Pensábamos ingenuamente que utilizar el ratón sería muy complicado. Lo cierto es que lo único que conseguimos fue manchar con chocolate las pantallas.

¿Y qué pasa con las pantallas táctiles en teléfonos y tabletas? Pues que son una maravilla, pero no porque una pantalla táctil sea siempre mejor, sino porque cuando utilizamos una tableta, interactuar con la pantalla del aparato que estamos sujetando con las manos o en el regazo es algo fácil y natural, quizás ergonómicamente adecuado.

Y si estoy sentado con las manos apoyadas en un teclado en una mesa delante de mí. ¿qué es más cómodo?, ¿desplazar la mano a la derecha y sujetar el ratón o levantar el brazo y actuar sobre la pantalla?

Cuando pensamos en usabilidad también hemos de tener en cuenta la diferente situación en que se utiliza un dispositivo. Una pantalla táctil no es lo mejor siempre ni para todos.  Ni un ratón tampoco (para las tareas más repetitivas prefiero utilizar las teclas de comando).

Así que gasta US$ 69 en hacer táctil la pantalla de nuestro portátil puede ser una buena idea para algunos y mala para otros.

La lección, gratis, es: “Jugar y explorar es divertido y nos permite aprender… pero hacerse profeta de cualquier novedad no es lo mismo”.




(1*) http://air.bar

(2*) Se llamaba el proyecto Grimm. Sesudos educadores de la época y dos psicólogas a las que entrevistaron en La Vanguardia nos alertaron de que eso mataría la sensibilidad de los niños. Hasta el momento no hemos detectado ese pernicioso efecto en los niños que realizaron la experiencia. Otros nos recomendaron que siguiéramos utilizando la tortuga logo guiándola con el teclado. Un experto catalán, vejete pero no simpático, dijo públicamente que sus alumnos no necesitaban muletas (refiriéndose al ratón). Y es que de doctrinarios el mundo siempre ha estado lleno.

viernes, 17 de junio de 2016

Ideas para utilizar Twitter en clase

Utilizando el Twitter en el aula...
... y fuera del aula.

Es imposible y pretencioso hacer un tratado del uso de Twitter en la docencia como me pedía un alumno. 

Pero lo que sigue puede ser sugerente y sobre todo orientar hacia una forma de entender el uso de las redes sociales, no como medios didácticos, sino como instrumentos al servicio del desarrollo de la ciudadanía digital.


Algunas dinámicas

Cada 20 minutos de actividad en el aula, pedir a los estudiantes que paren un momento, reflexionen durante un minuto y envíen un tweet.
Es una actividad que fomenta el pensamiento reflexivo y la autorregulación del aprendizaje. Además refuerza la retención.

Como complemento a la actividad anterior o a cualquier otra en la que se pida a los estudiantes enviar tweets, seleccionar los mejores (mejor que los seleccionen los propios alumnos) y traspasarlos a la historia de clase creada en Storify.
Es una actividad que resulta altamente motivadora al dar visibilidad al trabajo de los propios alumnos. Posibles problemas a controlar: lobbies, guerra entre grupos, alumnos con bajo reconocimiento y baja autoestima… (Todos son problemas que un buen maestro o maestra sabe cómo gestionar).

Pedir a los estudiantes que cada día o semana (o cada cierto tiempo) envíen una noticia, un recurso y una idea mediante sendos tweets.
Algunos alumnos creen que Twitter es únicamente un repositorio de ideas. Enviar noticias o recursos con sus correspondientes enlaces (¡importante!) les hace comprender de modo intuitivo que Twitter es algo más. Enviar noticias les puede facilitar el tomar conciencia que como ciudadanos digitales tienen un rol activo en la Sociedad de la Información (el quinto poder). Enviar recursos les puede hacer conscientes de cómo aprender en red es más poderoso y además puede ser una fuente de elementos para su PLE.

Para comunicarse el grupo podemos utilizar un hashtag. Primero lo probaremos para confirmar que no ha sido utilizado previamente en un modo que no nos convenga.
Existe un problema con la política anti-spam de Twitter por el que a veces los tweets enviados por algunos usuarios recién registrados no llegan al buscador del hashtag. Un alternativa es crear una lista aunque perdemos algunos aspectos valiosos de Twitter como herramienta abierta.

Si utilizamos el mismo hashtag para la misma materia en años sucesivos podemos facilitar que diferentes promociones interactúen entre sí. Pero esto sólo se produce si hemos conseguido crear en algunos alumnos la conciencia de Twitter como instrumento para desarrollar su presencia en la Red.
He escuchado a algún profesor que utiliza tweets específicos para actividades específicas. No cabe duda de que facilita organizar la recogida y análisis de tweets. Pero quizás debería entonces plantearse utilizar un foro. La pregunta es ¿para qué utilizamos Twitter? ¿para hacer las tareas de clase o para que nuestros alumnos creen redes de aprendizaje y vida?

Algunos alumnos (mi experiencia es universitaria) ponen reparos al uso de Twitter. Plantean objeciones como que ellos no desean hacer público su trabajo, u otras de todo tipo. Realmente hasta ahora no he tenido alumnos que objeten si les toca hacer una presentación en clase o colgar un trabajo en una feria académica, quizás el público está más controlado. Creo que el tema tiene distintas interpretaciones: alguna tiene que ver con la inseguridad sobre el control de lo que mostramos de nosotros en un medio que desconocemos. A los motivos profundos de orden psicológico debemos añadir los de tipo ideológico que sí que suelen expresarse abiertamente. Es importante que entiendan que precisamente un objetivo de la actividad es controlar el medio y nuestra imagen en el medio. No es posible no tener o esconder nuestra identidad digital. La disyuntiva es: ¿quieres construirla o prefieres dejar que sean otros y el azar quienes lo hagan?
Al utilizar Twitter la realidad puede imponerse: los alumnos participan “porque toca”. Se divierten, les interesa… pero cuando comienza otro semestre se olvidan. Si consigue que uno de cada 10 continúe participante, ¡enhorabuena!


Y algunas herramientas

Hootsuite
Mis alumnos envían tweets y acceden a los tweets… pero no suelen utilizar Twitter. Hootsuite permite organizar las búsquedas mediante columnas y pestañas, generando un entorno de gestión de varias redes sobre diferentes plataformas (Twitter, FaceBook, LinkedIn…)
El uso de Hootsuite les permite ver que Twitter es una poderosa herramienta de gestión de la información. También potencia la distribución de información desde diferentes cuentas y en diferentes plataformas, programar el envío, …
En tiempos TweetDeck fue más utilizado pero ahora sólo permite la gestión de redes en Twitter y no en otras plataformas como Facebook.

Storify
Permite dar sentido a los tweets que envían, creando historias coherentes. Rápido y fácil. El profesor puede crear uno para toda la clase, pero también podrían crear uno cada grupo. Ver un ejemplo en:

Tweetchup
Esta plataforma permite tener buenas estadísticas del uso de Twitter de cada alumno durante un periodo determinado. Con relativamente poco esfuerzo podemos hacer un seguimiento de su trabajo. Pero también podemos utilizar las analíticas que ofrece el propio Twitter en:



IMAGEN
“OpenClipartVectors”, distribuida bajo una licencia CC0 de dominio público.



jueves, 16 de junio de 2016

La paradoja de Simpson

¿Qué tiene que ver la discriminación por género con el uso de tecnologías en la enseñanza?

La respuesta es sencilla: un caso de hace más de 40 años de la primera nos enseña algo sobre cómo ser prudente al pensar en los beneficios (o no) de las segundas.

1973, Berkeley, un caso de discriminación de género.

En verano de 1973 los programas de postgrado de esa universidad habían aceptado un mayor porcentaje de hombres que de mujeres: el 44% de las solicitudes masculinas fueron aprobadas, por sólo el 35% de las femeninas. Y se presentó una demanda.

Sin embargo, al analizar la situación en los departamentos uno por uno se encontró que en la mayoría de ellos el porcentaje de mujeres admitidas había sido mayor.
¿Cómo es posible?. La respuesta se encuentra en la Paradoja de Simpson (1*).

La paradoja de Simpson

Se trata de una curiosa paradoja que se produce cuando al comparar unos tratamientos, existe una variable adicional que no es considerada (en el caso de Berkeley, el departamento en el que se solicitaba la admisión).

Es una paradoja que desafía nuestra intuición. Por ejemplo, podemos descubrir que un tratamiento contra los cálculos en el riñón es más beneficioso que otro, pero si analizamos por separado los cálculos grandes y los pequeños descubrimos que en ambos casos no lo es.
¿Lo tenemos presente en Educación?

Un caso hipotético

Décadas de investigación educativa parecen demostrar que la ignorancia se ha adueñado de psicólogos y pedagogos. Es frecuente encontrar investigaciones que tratan de demostrar con números la mayor eficacia de un tratamiento, de un método docente, del uso de ciertas tecnologías… Y continuamente nos olvidamos cual es el problema principal: que en todos esos estudios hay variables desconocidas, demasiadas. Son variables que pueden estar actuando por debajo y que, si se consideraran, darían la vuelta a los resultados.

¿No se lo creen? Estudiemos en un ejemplo hipotético el porcentaje de estudiantes que superan con éxito una prueba comparando dos grupos, uno que utiliza TICs y otro que no.
El 66% de los que no utilizan TIC aprueban, frente a sólo el 51% de los que sí las utilizan.

Pero consideremos una variable, alguna características que tienen unos alumnos y otros no, el cromosoma “Z” o la que deseemos. Y resulta que en ambos casos aprueba un mayor porcentaje utilizando las TIC que no utilizándolas (ver la siguiente tabla).


Alumnos aprobados con TIC sin TIC
Z 20 de 22 (91%) 37 de 46 (80%)
noZZ 8 de 33 (24%) 3 de 15 (20%)
Total 28 de 55 (51%) 40 de 61 (66%)

Vaya, ahora resulta que el porcentaje de aprobados es mayor utilizando TIC tanto si el alumno es del grupo Z con noZ. ¿Cómo es posible? La paradoja de Simpson siempre sorprende la primera vez y pensamos que hay trampa. Pero la trampa no está en los números sino en la existencia de variables que el investigador no tiene en cuenta. Y el problema es que no lo podemos detectar precisamente porque se trata de una variable que no hemos considerado. ¿Se tienen en cuenta todas las variables posibles cuando se investiga en Educación?

Esto no invalida todos los resultados de las investigaciones educativas, pero nos debería hacer ser más cautos cuando proclamamos las maravillosas ventajas de las tecnologías o cuando pretendemos afirmar que son encarnaciones del diablo.



(1*)  La paradoja de Simpson está explicada en varios sitios, pero una presentación breve y con ejemplos se puede encontrar en la Wikipedia.


IMAGEN
Dantetg.
Distribuida bajo licencia CC0 en:
https://pixabay.com/es/ordenadores-monitores-lo-equipo-332238/

jueves, 2 de junio de 2016

Maestros buscando velas en el horizonte

Algunos estaban acurrucados bajo las palmeras, sumidos en la más absoluta desesperación, mirando como hipnotizados el casco destrozado del Frigate Bird. Otros rebuscaban sin sentido entre los desechos arrojados a la playa o se lavaban las heridas en los bajíos.
 Así describe Morris West la escena después del naufragio en El navegante. A partir de ese momento el grupo de hombres y mujeres pondrá en marcha la tarea de sobrevivir en una isla a la que nunca llegará un barco para recogerles. Nunca nadie les preguntó si deseaban cambiar sus costumbres y adaptarse a los recursos de la isla. No fueron ellos quienes tomaron la decisión de quedarse allí.

Esta escena es muy similar a la que se produce en los centros de enseñanza. Los ordenadores, el vídeo y todas esas prometidas maravillas tecnológicas no entran en la escuela o en el bachillerato por ser o no excelentes instrumentos que ayudan a mejorar la docencia. No entran porque los profesores los deseen o porque sea una buena idea comprarlos. Entran porque están ahí y porque a esos profesores y alumnos les ha tocado vivir en una sociedad tecnológica y audiovisual, en el comienzo del siglo XXI.

Al igual que los náufragos de “El navegante”, los profesores de hoy no pueden elegir, no pueden soñar crear un mundo cerrado con sus alumnos, diferente y separado del mundo real exterior. Porque son los propios alumnos los que llevan ese mundo dentro.

Los profesores y las profesoras, tan habituados a explicar desde su autoridad las diferencias entre lo correcto y lo incorrecto, se sienten tentados a valorar este hecho, a juzgarlo, y si, como en muchos casos, el veredicto es negativo también se siente tentados a rechazar el uso de la tecnología. O atribuirle una función residual en el proceso docente. Posiblemente las conclusiones sean correctas en la mayoría de casos, pero el veredicto es tan inútil como la conducta del náufrago que en vez de tratar de sobrevivir en un entorno nuevo e incluso hostil, emplea las horas en mirar hacia el horizonte buscando la vela que le salve.

Bartolomé, Antonio R. (1999). Nuevas Tecnologias en el aula. Guía de supervivencia. Barcelona: Graó. http://abartolomepina.wix.com/nntt